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sábado, 2 de marzo de 2013

Planetas solares



Cerraré la pequeña ronda planetaria sobre nuestro nada especial sistema solar con una imagen montada que resume conjuntamente algunos de los rasgos planetarios comentados en las entradas sobre este tema. (Para apreciar los detalles, pulsar sobre la imagen)

Fila superior: Sentido de giro e inclinación del eje de los planetas respecto del plano de sus órbitas (que, por cierto, no están muy inclinadas unas de otras). Debo hacer notar que al ser arriba y abajo dos direcciones absolutamente relativas en el espacio, el criterio seguido es el utilizado arbitrariamente en nuestro planeta. Así, aunque el planeta Venus esté más "recto" que el nuestro, se le asigna un ángulo cercano a los 180º debido a que su sentido de giro es contrario al nuestro (y al de todos los demás), lo que puede interpretarse también como que gira boca abajo.

Fila del centro: Tamaños relativos. La unidad utilizada es el volumen de la Tierra y la imagen muestra una escala adecuada para los tamaños planetarios.

Fila inferior: Distancias relativas al Sol. La unidad utilizada es la distancia de la Tierra al Sol (unidad astronómica). En este caso la escala no es muy afortunada, pero puede servirnos como orientación. No debemos caer en la tentación de calcular distancias entre planetas por diferencia de distancias al Sol, ni debemos perder de vista que las órbitas no son circulares ni tienen igual excentricidad. Las distancias figuradas son promedios, existiendo en algunos planetas diferencias más que apreciables entre su posición más cercana al sol (perihelio) y la más alejada (afelio).


Buenas noches desde Arcoíris.

viernes, 1 de marzo de 2013

Mi agredida impasible



Recuerda, mi empapada Tierra, que tu aparente quietud en el cielo es sólo una burda ilusión y que tus pretensiones geocéntricas se esfumaron con las del propio hombre.

Tu nombre deriva de la diosa romana que te personificaba (Terra) y que a su vez tiene su origen en la griega Gea, diosa primigenia.

Eres el único planeta con agua líquida en su superficie, hasta el punto de que si alguna civilización alienígena te pusiera nombre hoy en día, o nosotros mismos nos propusiéramos rebautizarte, tu nombre más apropiado sería planeta Agua.

No es lo único que te hace especial: también eres el más denso, y el único que presenta tectónica de placas. Pero, por encima de todas tus singularidades, eres el lugar donde vivimos aquellos que nos proclamamos, orgullosa y equivocadamente, "seres inteligentes". Quizás el único, dentro del sistema solar, que alberga vida. Una vida que, al contrario de lo que muchos piensan, mora en ti casi desde tu nacimiento.

Es una conveniente combinación de distancia al sol, composición, tamaño y densidad, entre otras, la que te hace idóneo para la vida (al menos para la que conocemos y definimos). Nada que deba parecernos una increíble casualidad, ni fruto de designio alguno, si aceptamos el principio antrópico débil por el cual si las cosas no fueran precisamente así, yo no estaría escribiendo en este blog, ni tú leyéndome. Quizás es exactamente lo que ocurre en infinitos universos paralelos, tan "casuales" como el nuestro.

A cambio de ese honor que nos concedes, nosotros te condenamos, dulce Gaia, a muerte. Irremediable, paulatina e inconscientemente; con estúpida seguridad, hipocresía y egoísmo. Pero no es nada personal, es sólo que nos gusta demostrarnos lo inteligentes que somos, pero ocultamos lo pancista y despreocupado de nuestro proceder. Aún a costa, más que probablemente, de nuestra propia destrucción. 

El quid de la cuestión es que esa "nuestra" no es realmente la nuestra, sino la de la especie. El individuo se oculta entre el grupo, camuflado en su efímera existencia y despreocupado de un futuro que, en realidad, nunca será el suyo.

Dispones de un satélite, La Luna, que es el más grande, con diferencia, en relación al planeta que orbita. Las consecuencias de este hecho diferencial son de nuevo enormes: las mareas, la estabilización del eje terrestre, la lenta reducción de la velocidad de rotación de la Tierra, etc... Incluso se ha postulado su relevancia en el origen de la vida.

Curiosamente, tu día dura un día y tu año un año. Toda una declaración de intenciones.

Pues bien,

¡Que sepas que te quiero!. No me acongojas, húmedo orbe.


Buenas tardes desde Arcoíris.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Mi mudable conjetura



Recuerda, mi turbio Neptuno, que tu lejanía es solo una gota en la inmensidad del océano cósmico y que tus pretensiones de soledad se perdieron hace ya muchos decenios.

Tu nombre, y tu símbolo astronómico, hacen honor al dios romano del mar, dueño de todas las aguas y señor de las ninfas que en ellas habitan. 

Tu existencia fue predicha matemáticamente antes de ser descubierto, lo que te da un aura de origen virtual y de misterio desvelado.

Eres, junto a Júpiter, Saturno y Urano uno de los llamados gigantes gaseosos, o planetas jovianos, o planetas exteriores y, como ellos, tienes un día muy corto (algo más de 16 horas).

Tu distancia al Sol, la mayor entre todos los planetas, determina que tu año sea también el más largo de todos (casi 165 años terrestres). Desde tu descubrimiento sólo has completado una órbita. Ningún ser humano te verá jamás (o al menos en un futuro próximo) dos veces en la misma posición relativa.

Cambias de aspecto con suma facilidad. Imitaste a Júpiter con tu gran mancha que, aunque inmortalizada en casi todas las fotografías que de ti se enseñan, ya no existe.

Tienes más de una docena de satélites pero uno de ellos, el superfrío Tritón, es más grande que todos los demás juntos, además de ser la única luna de gran tamaño del sistema solar que gira en sentido contrario al de rotación de su planeta. En esa chulería es, en cierto sentido, amigo del planeta Venus.

Pues bien,

¡Que sepas que te escudriño!. No me atemorizas, desnudada entelequia.


Buenas noches desde Arcoíris.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Mi etéreo achatado



Recuerda, mi gaseoso Saturno, que tus bellos anillos no son tan únicos como se pensaba y que tus pretensiones de divo se han diluido hasta desvanecerse.

Tu nombre procede de la mitología romana, del padre de Júpiter, de Neptuno, de Plutón, de Ceres, de Vesta; todos ellos también ligados a objetos del sistema solar.

Como Júpiter, estás hecho principalmente de materia propia de una estrella, pero eres tan sutil que se repite hasta la saciedad que flotarías en un océano de agua, si es que podemos imaginar uno con el tamaño suficiente para semejante prueba.

Esa liviandad, tu rotación extremadamente rápida (con un día que dura apenas algo más de 10 horas) y tu, en proporción, baja gravedad, determinan que tu forma sea la menos esférica entre los planetas: estás visiblemente aplastado por los polos.

Tus satélites se cuentan por muchas decenas, pero tienes uno con tamaño planetario: Titán. Es un nombre que le hace justicia y, aunque es el segundo en tamaño en todo el sistema solar (Ganimedes de Júpiter es algo más grande), es el único que parece disponer de una atmósfera.

Pues bien,

¡Que sepas que te espío!. No me obnubilas, hermoso anillado.


Buenas tardes desde Arcoíris.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Mi raudo pequeñajo




Recuerda, mi menudo Mercurio, que tu proximidad al Sol no te confiere especial relevancia y que tus pretensiones de servirle hace tiempo que cayeron en el olvido.

Desde la defenestración de Plutón como planeta, posees la cuestionable distinción de ser el más pequeño. Tanto, que hay satélites que te humillan en tamaño.

Sin embargo, eres, desde siempre, el más rápido y de ahí heredas tu precioso nombre: del ágil heraldo de los dioses, del portador de las sandalias aladas.

No tienes hijos en el cielo que giren a tu alrededor, y la ausencia de una atmósfera que te proteja hace que tu superficie pase de un infierno ardiente a un infierno helado sin apenas solución de continuidad.

Tras el planeta que nos acoge, eres el más compacto entre los que se empeñan en girar alrededor de nuestra estrella.

Tu año es el más corto de todos (algo menos de 88 días terrestres) y, quién sabe si para compensar tu velocidad alrededor del astro rey, tu rotación es tan lenta que tardas casi dos de nuestros meses en mostrarle el mismo rostro.

Pues bien,

¡Que sepas que te controlo!. No me apabullas, primero de los errantes.


Buenos días desde Arcoíris.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Mi frígido azulado


 
Recuerda, mi helado Urano, que aún siendo un gigante eres el menos masivo entre ellos y que tus pretensiones de grandeza ya hace tiempo que se desvanecieron. 

Con nombre griego y romano a la vez, heredado del padre de Cronos (Saturno) y abuelo de Zeus (Júpiter), te quedaste desde el principio más alejado del sol que aquellos que llevan el nombre de tus descendientes mitológicos.

Tu símbolo astronómico (que no astrológico, ¡puaf!) parece tener su origen en una especie de fusión de los de Marte, (aunque apuntando hacia arriba), y el Sol, , en un intento quizás de atribuirle los poderes reinantes en el cielo a quien mitológicamente lo personificaba. 

En dos cosas eres diferente, y por ellas mantienes cierto elitismo entre tus compañeros solares: eres el más frio, condenadamente frio, y giras de costado. Si Venus muestra tozudez cuando gira en sentido contrario, tú muestras extravagancia al girar tumbado.

Tu día es más corto que el terrestre (apenas pasa de 17 horas) y a cambio tu año es más largo que ochenta y cuatro de los nuestros. 

Al menos dos docenas de satélites y algunos anillos completan tu estampa. Tus lunas heredan nombres de las obras de Shakespeare y Pope, y eso también te hace algo especial.

Pues bien,

¡Que sepas que te veo!. No me intimidas, peculiar planeta.


Buenas noches desde Arcoíris.

jueves, 7 de junio de 2012

Mi gran inconsistente


 
 
Recuerda, mi descomunal Júpiter, que tu solidez es engañosa y que tus pretensiones de ser estrella, aunque más realistas que las de Venus, ya hace tiempo que murieron. 

Eres, con mucho, el mayor de los planetas en masa y en volumen pero, tal y como le ocurre a todos los grandes de nuestro sistema solar, eres gaseoso. Probablemente tendrás en tu fuero interno algo líquido, más difícilmente sólido, pero tan inalcanzable como algunos de nuestros sueños.

Estás hecho, como las estrellas, de hidrógeno y helio, pero en ti no arden los fuegos nucleares. Nunca creciste lo suficiente para encenderte. Quizás pensaras que era mejor ser el mayor de los planetas que la estrella más pequeña. Tal vez lo sea, o tal vez no.

Como el padre de los dioses, del que heredaste el nombre, tienes infinidad de hijos a tu alrededor, más de medio centenar. Algunos de tus satélites (tres) son mayores que nuestra Luna y, todos en general, más intrigantes.

Las tormentas en tu atmósfera podrían engullir, por tamaño, nuestro planeta, y algunas perduran durante cientos de años. Tu campo magnético es también gigantesco. No eres desde luego muy agradable, pero eso no limita tu belleza, sólo la hace peligrosa.

Tardas menos de 10 horas en girar sobre tu eje, así que también tienes el dudoso honor de ser el que posee el día más corto de todos. A cambio, estás tan lejos del sol que tardas casi doce de nuestros años en rodearlo por completo.

Pues bien,

¡Que sepas que te miro!. No me impresionas, gigante gaseoso.


Buenas tardes desde Arcoíris.

domingo, 3 de junio de 2012

Mi arrogante belicoso



Recuerda, mi encarnado Marte, que tu color no se debe a sangre alguna y que tus pretensiones de ser maligno ya hace tiempo que son fútiles.

Reflejo de nuestro futuro, una vez ríos de agua horadaron tu piel. Una piel que quizás llegó a cubrirse con océanos. 

Sobre tu castigada superficie se alza majestuoso el volcán más grande de todo el sistema solar, el Monte Olimpo, que con sus 25 km de alto empequeñece a nuestro Everest recordándonos las inmensidades que hay más allá de nuestro hogar planetario.

Has sido el favorito de nuestros escritores, objeto de nuestros miedos y fantasías más ingeniosas.

Heredaste tu nombre del dios de la guerra romano, y tus dos satélites serían después llamados como dos de los hijos que tuvo Ares (el dios griego de la guerra identificado con Marte) con Afrodita (la diosa griega del amor identificada con Venus): Fobos (pánico) y Deimos (terror). Todo muy siniestro y apropiado.

Con esos antecedentes no carece de lógica que tu símbolo astronómico sea también el que denota al sexo ingenuamente llamado fuerte.

Tus días son de duración muy parecida a la nuestra, pero tus años se nos harían muy largos. En años marcianos mis 47 tacos serían apenas 25.

Pues bien,

¡Que sepas que te observo!. No me das miedo, planeta rojo.


Buenas tardes desde Arcoíris.