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sábado, 29 de noviembre de 2014

El errático flujo de la inconsciencia



Vivir es difícil. Morir, no tanto.

Sin embargo, y pese a que los seres humanos somos cómodos, elegimos ser.

Bueno, en realidad no escogemos ser, pero sí seguir siendo. Hay algo de masoquista en todos nosotros.

Nos decimos que los instantes de felicidad, por escasos que puedan llegar a ser, compensan los malos ratos. Somos buenos mintiéndonos.

Todo el que ha estado cerca de la muerte, de una forma u otra, parece sentirse aliviado de no haber dado ese salto involuntario. Nos empeñamos en valorar las cosas sólo cuando las perdemos o estamos cerca de perderlas, hasta el punto que nos hacen desgraciados cosas que generalmente carecen de verdadera relevancia.

Durante algunos momentos, a veces sólo suspiros en nuestra existencia, todo nos parece inútil e insufrible. Nos sentimos desdichados pese a que, con toda probabilidad, millones y millones de personas se cambiarían por nosotros sin siquiera dudarlo. Hay algo inescrutable en nuestra naturaleza.

Por suerte, o por desgracia, siempre tenemos un aliado. Alguien que es tan implacable como impersonal, tan nivelador como esclavizante, tan cruel como inexorable...

Si uno espera lo suficiente, todo parece siempre volver al cauce de la tan apreciada como, en el fondo, poco deseada "normalidad".


Buenas tardes desde Arcoíris, donde el tiempo ha muerto y con él las indecisiones.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Certidumbre


  

Cada día que se convierte en pasado es un día menos de futuro. Irrefutable.

Y, sin embargo, realmente no parecemos conscientes de ello. Conforme la esperanza de vida crece, el valor que le asignamos al tiempo mengua. Por contra, conforme nuestra edad se incrementa ese mismo tiempo parece más precioso.

A menudo deseamos la inmortalidad, no la de Mozart o Einstein, sino la de los propios dioses. Es un reflejo de la angustia que nos provoca el conocimiento de nuestra indefectible desaparición. Pero de sernos concedido ese deseo, ya fuera gracias a la ciencia o a la divinidad, tengo la sensación de que acabaría convirtiéndose en un tormento. La vida cansa.

Hoy hace cuatro años que mi ascendiente nos dejó, ayer hizo dieciséis que mi descendiente apareció. La rueda no deja de girar.

No puedes leerme, ni puedes oírme, pero en mi mente sigues existiendo, madre.


Buenas tardes desde Arcoíris.

domingo, 23 de junio de 2013

Ser humano


 

"La verdad os hará libres".
"El hombre es bueno por naturaleza".

¡Qué gran falsedad!.

Grandes frases de grandes hombres. Nada menos que de Jesús de Nazaret, referente ético donde los haya, y de Rousseau, uno de los padres de la Revolución Francesa.

Dos grandes personajes, tan ilusos como ilusionados, y a los que hoy en día podríamos llamar, sin la vergüenza que empieza a asociarse con tal denominación, verdaderos socialistas.

¿Pueden acaso estar equivocados en manifestaciones tan hermosas?, ¿se puede dudar siquiera de palabras que surgieron de semejantes labios?. Bueno, creo que la tercera frase de esta entrada ya me posiciona al respecto...

Veamos porque se me antojan falsas, que no mentiras (pues verdaderamente no creo que sean palabras dichas desde una visión distinta a la que pudieran creer o pensar):

Hagamos un ejercicio de imaginación y busquemos una forma de comprobar las dos cosas a un tiempo. Imaginemos por un momento que fuéramos capaces de leernos la mente unos a otros, tal y como podemos vernos u oírnos. ¡Casi nada!

Desde ese momento, la verdad nos iluminaría con su luz cegadora y mandaríamos de un plumazo a la mentira a la oscura ignominia que parece merecerse. ¡Ya seríamos libres!.

Esa libertad supondría que, al cabo de unas pocas generaciones (por aquello que se argumenta de que es la educación, en su sentido más amplio, o, más correctamente, la falta de ella, la que malogra nuestra inherente bondad), la humanidad alcanzaría las más altas cotas de "humanidad".

Bonito escenario. Estoy seguro de que incluso muchos lo creerían posible de verdad. La ilusión, en sus dos acepciones principales, es una poderosa forma de autoengaño.

¿Qué es lo que ocurriría si lo imaginado fuera posible?. No lo sé, no puedo saberlo.

¿Qué es lo que creo que ocurriría si lo imaginado fuera posible?. Bien, aquí es donde entra mi descreimiento. Pienso que el resultado de tal "superpoder" generalizado sería la extinción (adelantada a lo inevitable, si se me permite ser aún más tétrico) de la raza humana. A gran y a pequeña escala, a nivel de países y a nivel de individuos.

Es sólo el adecuado equilibrio entre verdad y mentira lo que nos mantiene alejados de nuestra verdadera naturaleza, que no es desde luego la inclinación al bien.

Ya sabéis que mi fe en lo trascendente es nula, ahora ya sabéis, si no era evidente a estas alturas, que ni siquiera tengo fe en mis semejantes.

¿Triste?, ¿descorazonador?, ¿objeto de compasión o lástima?. No, desde luego que no. Es algo que acepto como lo que creo que es, una realidad subyacente en el mundo de Yupi en el que nuestra mente parece querer somatizarnos.

¿Debería suponer una forma distinta de actuar con quienes nos rodean?. No, tampoco lo creo. Es como si conocer las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos tuviera como consecuencia que nos moviéramos de manera distinta. O como si la mecánica cuántica, asesina del determinismo, nos dejara bloqueados en nuestras predicciones.

Mejor no leáis mi mente, leer las pequeñas mentiras que escribo.


Buenas días desde Arcoíris.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Perdurar



No creo en la vida tras la muerte. No veo mucha diferencia con creer en duendes, en fantasmas, o en Santa Claus. 

Tampoco creo en Dios, en ninguno de ellos, ni en la reencarnación, ni en cualquier otra de las artimañas argüidas por el hombre, desde que es hombre, para garantizarse una eternidad que no le pertenece. 

No es ninguna sorpresa para quien me conozca. Sin embargo, ello no es óbice para que respete a quien lo hace (con matices, pero no voy a entrar en eso ahora) ya sea por convicción o por condición.

El no creyente, en sentido amplio, tiene una visión de la muerte diferente, para lo bueno y para lo malo. Es el final de la vida y no es especialmente relevante el que haya algo más allá. Si bien es cierto que tenemos una tendencia natural a desear una larga (y agradable) vida, tampoco debemos dramatizar con su final. De hecho, para un no creyente, el miedo a la muerte debería (curiosamente no parecen haber, sin embargo, claras diferencias con los creyentes) ser algo inexistente. Hace exactamente dos años cité a Epicuro cuando decía que la muerte no nos pertenece. En realidad lo que se teme es el dolor, la decadencia, el sufrimiento, la dependencia, y multitud de cuestiones más que se asocian en mayor o menor grado al final de una vida.

No quiero extenderme, ni penetrar en aguas profundas y tenebrosas, así que me centraré en el objetivo de esta entrada:

A mi modo de ver, sólo hay dos formas de perdurar en el tiempo más allá de mitos y creencias: en el recuerdo de los que continúan y en tu legado genético. Son dos formas sutiles y bien distintas de persistencia existencial, tanto en su calidad como en su relevancia, que tampoco voy a entrar a desgranar.

Hoy hace ya tres años que mi mamá se marchó. Todos lo haremos.

Algo de ella perdura en mí. Y lo hace doblemente: en mis recuerdos y en mis genes.

Estoy orgulloso de ambas cosas.


Buenos días desde Arcoíris.

sábado, 31 de marzo de 2012

Me conformo y por ello lloro

En un mundo que solo espera la destrucción a manos de los seres más inteligentes que conocemos en este universo, es difícil no caer en el conformismo.

De hecho, eso es exactamente lo que hacemos la mayor parte de los seres humanos.

Los que tenemos tiempo para pensar en estas cosas, claro. El que siente frio o hambre, el que siente dolor físico, el que no sabe si mañana seguirá sintiendo, ese no es conformista, solo sobrevive.

Es un principio vital: primero vive, luego todo lo demás.

Y ese principio, que no es fruto de inteligencia alguna, es el que los conformistas de este mundo hemos hecho nuestro con algunas matizaciones, crueles por lo demás.

Ese conformismo nos vale para todo: para el amor, para la salud, para el dinero, para el trabajo, para la amistad, para el resto del mundo...

Conformarse parece un camino seguro hacia la felicidad. ¿Pero es el mejor camino?.

La valentía seguramente está sobrevalorada, pero, en el fondo, ¿no somos algo cobardes cuando nos conformamos?.


Buenas tardes desde Arcoíris.

lunes, 23 de enero de 2012

Fuera del tiempo

Nuestro reflejo se pierde en las turbias aguas del futuro, y apenas conseguimos recordar como éramos antes.

Solo tenemos el ahora, y eso nunca parece ser ni suficiente ni satisfactorio.

No sé si a todos nos pasa lo mismo, pero yo, desde que recuerdo, he vivido el ahora como algo pasajero, como una fase previa de lo que será.

El problema viene cuando empiezas a intuir que tu vida no va a ser sempiterna.

Y entonces es tarde para adaptarse sin dificultades a tan cruda realidad.

Nos pondremos a ello, ¿no?.


Buenas noches desde Arcoíris.

domingo, 6 de noviembre de 2011

¿Certeza o posibilidad?

Una buena amiga me ha dado a entender que debería escribir algo. Y eso, viniendo de ella, es como una orden para mí.

El otro día, cenando con ella y con otros amigos, tuvimos una conversación que, como suele ocurrir, derivó de lo concreto a lo general. La tomaré como base para esta entrada.

Espero que se me permita ser un poco melodramático:


-Creo que nuestro futuro como especie es nulo.

-Creo que ya es tarde para corregir nuestros errores. El punto de no retorno ha sido cruzado.

-Creo que aunque tuviéramos más tiempo probablemente no seríamos capaces de hacerlo.

-Creo que somos dañinos por naturaleza. Egoístas, arrogantes, egocéntricos, pero, sobre todo, hipócritas.

-Creo que, con honrosas y mínimas excepciones, esto es aplicable incluso a nivel individual.


Nos autoengañamos, creemos lo que nos conviene, miramos hacia otro lado.

Sin casi saberlo, como si todo tuviera lugar en un universo paralelo.

Quizás es una forma de supervivencia: calmamos nuestra conciencia acogiéndonos a una burda ignorancia inconsciente.

Siempre he pensado que una certeza es sólo una posibilidad que ha perdurado lo suficiente. Espero, contra mi pensamiento, que lo que para mí es ya una certeza sea simplemente una posibilidad que acabe muriendo antes que nosotros.

Lo malo es que esperar algo en lo que no crees es aún más difícil que tener fe.

¡Y Dios sabe que no la tengo!. (Perdón por el chiste)


Buenas noches desde Arcoíris.

jueves, 28 de julio de 2011

Ser sin ser


El frio no existe. Es sólo ausencia de calor, y la ausencia absoluta de calor es inexistente.

La oscuridad no existe. Es sólo ausencia de luz, y la ausencia absoluta de luz es inexistente.

La ignorancia no existe. Es sólo ausencia de conocimiento, y la ausencia absoluta de conocimiento es inexistente.

Y, pese a ello, somos unos ignorantes sumidos en la fría oscuridad de nuestros deseos y ambiciones.


Buenas noches desde Arcoíris.