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sábado, 19 de abril de 2025

Ya sexagenario

 



60 años, un suspiro y una eternidad.

La vida transcurre a un ritmo constante, el que marca el tiempo desde el Big Bang, pero nuestra percepción nos dice algo muy distinto: no todos los minutos, horas, días y años nos parecen igual de largos.

El tiempo es un tema que desde siempre entretiene, entre otros, a filósofos, psicólogos, físicos y neurocientíficos, y admito que en este blog es recurrente de una forma u otra.

En el frenesí del día a día, uno no se da cuenta de cómo se van fundiendo años en el crisol de nuestra vida, pero si que hay claros indicios de que ya no es lo mismo. La mente (el ser, si se quiere) y el cuerpo no suelen ir de la mano, y es el segundo el que de vez en cuando le recuerda al primero que las cosas han cambiado.

Pero no solo es el cuerpo el que cambia con el paso de los años, de manera que aunque nunca creemos perder nuestra identidad, es evidente que no somos la misma persona toda nuestra vida.

Alguien dijo que al envejecer no nos hacemos ni mejores ni peores, sino más parecidos a nosotros mismos. Suena bien, pero es francamente ridículo, por múltiples razones en las que no voy a entretenerme ahora.

Hace ya tiempo que releo más que leo, y yo creo que tiene que ver con la edad. Es como si algo en mí no quisiera que las obras que han influido en mi vida se perdieran en mi memoria, a lo que además ayuda el hecho de que verdaderamente mucho ya se ha olvidado. Algo parecido me ocurre con las películas, la comida, y lo que he visto, sentido o hecho en el pasado.

Es quizás miedo a que lo que tienes por delante no sea tan bueno como lo que dejas atrás, y yo creo que esto se puede identificar con la falta de juventud. Cuando se es joven el futuro suele verse con ojos de mejora, lo que es lógico por un sencillo motivo: tu bagaje es menor y tu porvenir mucho mayor.

Sin embargo, no debe ser este un pensamiento agobiante, pues cada etapa vital tiene sus ventajas, y las de tener una cierta edad no son pocas:

-Puedes decir con menos miedo, incluso sin ninguno, muchas de las cosas que piensas.
-También desaparece en gran medida el miedo a la incertidumbre y a la inseguridad.
-Tu tiempo libre aumenta, aunque la forma de utilizarlo puede variar, y sin duda lo hace.
-La jubilación ya no se ve como algo tan lejano, y hasta forma parte  con más frecuencia de tus pensamientos agradables.
-No es que uno se vuelva sabio, pero sí que ve aumentada la poca o mucha sabiduría que tuviera en etapas anteriores, lo que es una ayuda para casi todo.

Como decía Saramago: "Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de convicción de mis deseos".

No celebro los cumpleaños desde hace décadas, pero creo que tal cantidad de años merecen alguna excepción, por ejemplo en forma de tarta de chocolate casera.

Hoy en Arcoirís las copas corren de mi cuenta.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Cuando la lluvia abandona la poesía

 


29 de octubre.

Llueve.

Apenas me ha dado tiempo a sacar el coche del garaje.

Lo alejo, pero no lo suficiente. Ya no lo volveré a encontrar en el mismo sitio.

Consigo volver a la seguridad de mi vivienda, aunque en mi camino ya hay un pequeño rio de agua sucia en lugar de carretera.

Se va la luz. Cenamos a la luz de las velas y las linternas LED.

Sin ser totalmente conscientes de ello, el infierno se ha desatado.

No duermo bien esa noche, pero las verdaderas pesadillas están en el exterior.

Amanece.

Las calles están irreconocibles, parecen los decorados de una película postapocalíptica, pero todo es crudamente real.

Los coches se amontonan unos encima de otros y contra los edificios.

El barro y los obstáculos dificultan, y hasta imposibilitan, el movimiento de los tan asombrados como asustados transeúntes, que contemplan la escena sin acabar de creérselo.

Los garajes subterráneos están inundados hasta el nivel de la calzada, las viviendas y los locales en las plantas bajas están arrasados.

Aún no lo sabía, pero mis ojos ya me decían que no solo habría cuantiosos daños materiales.

Me sentí afortunado.

No valoramos las cosas que tenemos hasta que las perdemos. No damos valor a la salud, hasta que algo nos falla, y no damos mucha importancia a las cosas que siempre tenemos al alcance, hasta que, intempestivamente, las perdemos.

Así, estar sin luz, sin agua, sin teléfono, sin internet, y no te digo ya sin comida o sin agua que beber, hace que vuelvas a pensar en estas situaciones con otra perspectiva.

Y ya, a otro nivel, es inimaginable lo que se debe sentir al perder completamente tu casa, tu trabajo, y hasta a tus seres queridos.

De nuevo me siento afortunado.

La vida es frágil y la fortuna esquiva.

Descansen en paz los que nos han dejado.

Buenas tardes desde Arcoíris.


martes, 19 de abril de 2022

Pierdeaños


En algún momento, indeterminado e ignoto, pasé de pensar que cada cumpleaños suponía un año más de vida, a considerar que, en realidad, suponía uno menos.

Sí, parece lo mismo, pero no lo es.

Quizás no como en los procesos cuánticos subatómicos, pero yo creo que nuestra percepción cambia un poco nuestra realidad. No a nivel físico, pero sí a nivel psíquico.

Si bien técnicamente aún no he entrado en lo que hoy en día consideramos vejez, es evidente que el haber ido siempre un paso por delante en mi edad mental (mi madre me decía muchas veces que nunca fui un verdadero niño y que, a veces, parecía que había nacido viejo) ahora debe tener un coste añadido.

Cada etapa de nuestra vida tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, así que tampoco se trata del “cualquier tiempo pasado fue mejor” lo que, por otra parte, siempre me pareció de una estupidez supina. 

En cualquier caso, es evidente que uno piensa más en aquellos temas que le son próximos, temporalmente hablando, y menos en los que están alejados, por lo que necesariamente los pensamientos, y todo lo que ellos conllevan, son diferentes.

A Ghandi se le atribuyen las siguientes palabras:

“Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras.

Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos.

Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos.

Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino.”

Estas proposiciones concatenadas nos llevan a la dudosa conclusión, pero plausible, de que tus pensamientos forjan tu destino, ¡casi nada!

El deterioro físico que sufrimos desde que nacemos, y que se debe principalmente a una evolución marcada por el imperio del oxígeno, no ayuda nunca a que nuestros pensamientos vuelen por encima de nuestra mortalidad y, desde luego, esto es algo que no mejora conforme vamos cumpliendo nuestro tiempo finito en este mundo.

Pese a los recordatorios permanentes que llamamos “achaques”, nos empeñamos en considerarnos jóvenes (y eso, desde luego, contribuye beneficiosamente a nuestra, tan ahora de moda, salud mental), pero si pensamos demasiado en nuestros autoengaños la cosa ya no es tan beneficiosa.

Por algún motivo desconocido, pero que sin duda tiene que ver con nuestros pobres esquemas mentales y con nuestra naturaleza imperfecta, la racionalización no es siempre lo más deseable.

En fin, que me deseo un feliz e irracional cumpleaños.

Buenas tardes desde Arcoíris.


sábado, 16 de octubre de 2021

Temple inmortal

 


En un lugar de la Mancha nació hace hoy 79 años.

En el mismo lugar de la Mancha murió hace 12 años y algunas semanas.

La duración de la vida se mide en años, y una simple resta nos dice que su vida duró algo menos de 67 años, muy poco para hoy en día.

Es evidente que el valor de una vida no tiene relación directa con su duración y que, además, ese valor es absolutamente relativo y subjetivo.

No es mi pretensión establecer escalas de valoración, aunque tenemos que ser conscientes de que es una práctica habitual en nuestro insensible y pragmático mundo.

Tampoco es mi pretensión abrir heridas a quien, con gran esfuerzo, ya las haya cerrado, aunque eso es algo que también es inevitable.

Quizás se trata de un vano intento de mantener vivo su recuerdo, de homenajear su existencia, o simplemente un acto de justicia redentora personal.

Después de 11 años de escribir siempre algo en el aniversario de su marcha, este año dejé de hacerlo. No fue algo premeditado, pero tampoco algo fruto del descuido o del olvido. Fue solo un intento, que ahora frustro, de encontrar un equilibrio entre el pasado y el futuro.

Un Pepito Grillo, que vuela sin alas, es el responsable de esta entrada.

Madre que no puedes oírnos, que los ángeles en los que no creo aprecien tu presencia, y que tu hermana, que ahora sigue tu camino en un lugar a mis ojos inexistente, encuentre tu luz en la oscuridad.

Buenos días desde Arcoíris.


domingo, 13 de septiembre de 2020

El viaje

13 de septiembre, de nuevo.

Detenerse un instante, simplemente a contemplar como pasa el tiempo, es algo aconsejable.

Te hace ser consciente de que tarde o temprano se te agotará, pero, al mismo tiempo, te permite valorar la propia vida y la de los que te rodean.

Los hay que piensan que en nuestro viaje existencial lo importante es el destino. Otros, sin embargo, creen que lo que importa es el propio viaje.

Y, aunque pueda parecer que entre estos dos grupos ya estamos todos incluidos, aún queda espacio para los que creen que lo fundamental en ese viaje es, en realidad, la compañía.

No puedo decir que yo sea de estos últimos, pero sí que es cierto que hay personas que hacen que tu transcurrir sea más agradable.

Otro año más llega el momento de detenerme a escribir sobre ella, y al hacerlo comprendo que no solo le debo la vida, sino que mientras vivió contribuyó a que mi camino fuera más llevadero. De nada sirve correr si no sabes hacia dónde vas, y para ello toda guía es poca.

Como bien saben los que me conocen, mi memoria es buena olvidando, pero hay algunas cosas que es imposible olvidar. Como dijo Pascal, el corazón tiene razones que la razón ignora.

Mi camino es más triste sin tu compañía, mamá.

Buenas tardes desde Arcoíris.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Pervivencia



Aquí estamos otra vez.

Triste cita, penoso aniversario.

Puede parecer que este ejercicio anual, en cierto modo cruel, es un intento de anclar el pasado. Que, además de ser vano y fútil, impide pasar página y mirar al futuro a la cara, sin miedos ni remordimientos.

Tal vez tiene algo de eso, pero nada en este mundo es tan sencillo como nos gustaría, ni tan simple como nos convendría que fuera. El reduccionismo es una buena herramienta, pero, como bien sabe mi descendiente, yo nunca pierdo contacto con el holismo.

En cualquier caso, sea una forma de autoinfligirse dolor, o de mantener viva la llama de una consciencia ausente, lo cierto es que ya me resulta difícil no escribir en un día como hoy algo que la devuelva fugazmente al mundo de los vivos.

Decía Platón que cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue, pero la parte inmortal se aparta sana y a salvo. Yo desde luego no lo creo, pero seguramente ella sí lo creía.

Al viento, y al mundo, le digo, que no la hemos olvidado.

Buenas tardes desde Arcoíris.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Aflicción



De nuevo, septiembre. Otro año más...

Es extraño como discurre el tiempo en nuestra cabeza.

A veces, casi siempre de hecho, vivimos como si fuera algo de lo que disponemos, sin reservas, a largo plazo. Su transcurrir solo nos incomoda en el día a día, a corto plazo.

Una veces pasa con asombrosa lentitud y otras se nos escurre inmisericorde.

Las efemérides de nuestra vida nos hacen detenernos un momento y ser más conscientes del paso del tiempo. Las buenas y las malas, sin distinción.

Hoy es un día de esos para mí. Me devuelve a la realidad de mi propia mortalidad y me coloca directamente en el punto de mira de mis más oscuros pensamientos.

No quiero que este blog se convierta en un pozo de tristeza, ni de catarsis personal, pero si no me obligo a escribir más, y sólo lo hago en estas fechas, es exactamente lo que acabará pareciendo...

Este año dejaré que palabras mucho más elogiables que las mías se expresen por mí:

Fragmento de "A mi madre", 1863, Rosalía de Castro
...............................................

Yo tuve una dulce madre,
concediéramela el cielo,
más tierna que la ternura,
más ángel que mi ángel bueno.

En su regazo amoroso,
soñaba... ¡sueño quimérico!
dejar esta ingrata vida
al blando son de sus rezos.

Mas la dulce madre mía,
sintió el corazón enfermo,
que de ternura y dolores,
¡ay!, derritióse en su pecho.

Pronto las tristes campanas
dieron al viento sus ecos;
murióse la madre mía;
sentí rasgarse mi seno.

...........................................

Esos ecos de tristes campanas que menciona Rosalía aún resuenan en mi cabeza, como si el tiempo no hubiera pasado, como si no fuera a pasar nunca.

Buenos días desde Arcoíris.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Ocho años separados


Tengo miedo.

No es un miedo tangible, ni siquiera sé si es real.

Es más una sensación, algo que habita en las profundidades de mi mente.

Tampoco es algo racional, ni cuantificable, y cuanto más intento analizarlo, más confuso me siento.

Creo que es miedo a olvidar, que es algo tan estúpido e ilógico como el miedo a la muerte.

La desaparición o el olvido suponen en sí mismos una ruptura causal que imposibilitan ese sentimiento. ¿Cómo puede uno sentir miedo a no ser si cuando ya no se es no se siente?, ¿cómo puede uno tener miedo a olvidar si lo que se olvida deja de formar parte de tu equipaje vital exactamente igual que si nunca hubiera ocurrido?

No tengo esas respuestas, y sin embargo debo admitir que, sea miedo verdadero u otra cosa, produce desazón y consumo de pensamiento.

Hace un año exactamente lamentaba aquí mismo que mi memoria no fuera perfecta. Hoy sigo lamentándolo y, aunque no puedo recordar lo que he olvidado, eso no reduce el vacío que dejaste, madre.


Buenas noches desde Arcoíris.

martes, 12 de septiembre de 2017

Dos décadas juntos



Feliz cumpleaños, hijo.

Buenas tardes desde Arcoíris

viernes, 21 de abril de 2017

Cómo un blog lleva a un libro



Hace diez días este blog cumplió nada menos que siete años.

Pese a que no me he prodigado mucho en él, lo cierto es que gota a gota se hace un mar.

Cuando cumplió cinco años ya comenté que, olvidándome del valor relativo del número de entradas, ya parecía una cantidad suficiente de las mismas para desnudar una parte, al menos, de mi naturaleza.

Pues bien, llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de ir un paso más allá, y al final me he decidido a darle cuerpo físico a gran parte de este blog.

Si bien no tengo nada contra el formato digital, en cualquiera de sus opciones, siempre he preferido añadir el sentido del tacto a la lectura; cuando no había más opción y cuando ya la había. Soy algo antiguo en eso, aunque quede mejor decir romántico.

Es indudable que los libros físicos tiene los días contados, como los tenemos nosotros, pero al contrario que con otras cosas (DVD's por ejemplo), me resisto de momento a prescindir de ellos. Mi videoteca (en sentido amplio, pues incluyo las cintas de video, que pronto serán tan extrañas como los teléfonos de disco, y los DVD) está hace tiempo en fase terminal por culpa de los discos duros, pero mi biblioteca me sobrevivirá sin duda.

Bueno, la cuestión es que, como decía, he convertido gran parte de este blog en un libro.

Hoy en día escribir sigue teniendo el mismo mérito relativo que antaño, pero las nuevas tecnologías, y los nuevos conceptos empresariales, han hecho que editar y publicar no sea ya una odisea, ni exija una excelencia siempre subjetiva o una red de contactos adecuada. Ni siquiera es necesario que se sigan los patrones de beneficio, tendencia u oportunismo.

Con todo esto quiero decir que no lo considero una gran hazaña y que lo único que he buscado es darle continuidad, a la ya antigua usanza de tinta sobre papel, a lo que con el paso de los años se ha convertido en la finalidad de este blog.

Es decir, que mis humildes mezclas de palabras no se pierdan rápidamente en el tiempo y puedan servir de legado a mis descendientes, con mayor información, a mi juicio, que un puñado de fotografías, de enseres o de recuerdos transmitidos.

Dejando clara esta cuestión, y no sabiendo cómo no parecer un vendedor al añadir los enlaces para su obtención, si que diré que en el libro no aparece mucho más de lo que se puede leer aquí, si bien está más ordenado y estructurado, así que es razonable no comprarlo.

No deja de ser curioso que, con todo lo que he escrito a lo largo de mi vida, me haya decidido a publicar mi primer libro ayudándome de las entradas de este blog pero, por algún motivo, me ha parecido lo más acertado.

También puede resultar curioso que después de todo lo que he dicho sobre el romanticismo del papel impreso, el libro en cuestión también se publique en formato ebook pero, si algo tengo claro, es que lo que a una persona le gusta, o le parece más adecuado, no tiene que valer para los demás. Antiguo, pero de mente abierta.

Aunque en breve estará disponible en más plataformas y formatos, e incluso bajo pedido en librerías físicas, dejo aquí el enlace para Amazon España, en donde se puede encontrar tanto en formato papel como en digital (Kindle).


Buenas tardes desde Arcoíris.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Akenatón se ha ido



El auténtico, el faraón hereje, se fue hace más de 3300 años. Mi gato lo ha hecho hoy.

Tenía 21 años, que para un gato es como ser centenario para nosotros, así que no ha tenido una vida corta.

Además de larga, su vida ha sido cómoda. No puedo ir más allá de esto pues no tengo claro si los animales son felices en el sentido humano y, por otra parte, dudo que un animal domesticado, al que se le da todo hecho y al que se limita su mundo, pueda experimentar la felicidad en profundidad. Es el nuestro un mundo de contrastes, y no se es verdaderamente consciente de lo bueno si no se experimenta lo malo.

No era un gato especial, era lo que se espera de un gato: independiente y egoísta. No me gustan las mascotas en general, pero desde luego prefiero un gato orgulloso a un perro lameculos. Sé que no se trata más que de un traslado, de una proyección antropomórfica, de nuestras actitudes en la vida y que el "egoísmo" de los gatos o la "nobleza" de los perros obedece a meras cuestiones evolutivas y de adaptación, pero no me siento más tonto por admitirlo.

De igual manera, nuestra civilización (a través de lo que se considera política o socialmente correcto) y nuestra querida razón (que pensamos única en el mundo animal), hacen que admitir que se siente más la pérdida de una mascota que la muerte de las decenas de miles de personas que nos dejan cada día, te convierta en una especie de monstruo. Pues bien, yo acepto que se me considere un monstruo.

La ética, tristemente ligada a valoraciones de tipo moral, ni es única, ni es absoluta, ni es inmutable. Pero es que, además, no debería negar nuestra naturaleza.

Quien de verdad me considere un monstruo por admitir tal hecho es, simplemente, un hipócrita. Los sentimientos no pueden ser moldeados ni juzgados bajo patrones de uniformidad, ni sobre ideas de lo que está bien y de lo que está mal. Se siente y punto. Nadie llora todo el tiempo por las injusticias del mundo y, sin embargo, hay quien lo hace cuando ve sufrir a un animal.

Es lo que somos, seres empáticos. Y la empatía, como la gravedad o el campo electromagnético, disminuye con el cuadrado de la distancia.

Hace poco me preguntaban por la ataraxia, que viene a ser un estado, claramente inalcanzable en mi opinión, en el que se es imperturbable a los dictámenes de los sentimientos, las pasiones y los deseos.

Aunque reconozco, ahora y en alguna entrada anterior, que mi tendencia siempre ha ido en esa dirección, se debe ser cuidadoso en los extremos. Lo lamento por algunos de mis queridos filósofos griegos, pero creo que alcanzar ese estado sí nos convertiría en monstruos. De hecho, creo que se considera una patología, una disfunción, a nivel psicológico.

Siento que mi gato haya muerto, y siento haberlo ayudado a morir, aunque la eutanasia no me supone un problema ético ni siquiera con los humanos. No elijo lo que siento.

En su honor, y de nuevo caigo en el antropomorfismo, repito imagen por primera vez en este blog. Es la foto con la que abrí mi primera entrada, aunque no tenía relación alguna con ella.


Buenas noches desde Arcoíris.

martes, 13 de septiembre de 2016

Evocación


 

A veces lamento que mi memoria no sea perfecta.

Bueno, en realidad lo lamento siempre, pero unas veces más que otras.

Estamos lejos de conocer la naturaleza detallada de los procesos cerebrales en general, y la memoria, que no es solo almacenamiento, es algo que muy a pesar de los neurocientíficos sigue teniendo mucho de misteriosa.

Es un hecho cierto que mi memoria episódica (que es la que tiene que ver con experiencias personales, hechos biográficos, emociones pasadas, momentos vividos, lugares visitados, etc.) no está especialmente dotada. Mis hermanos, con los que, con la salvedad del pequeño, no me llevo mucho tiempo y en todo caso son años que deberían contar a mi favor si hablamos de sucesos de la infancia, recuerdan muchísimas cosas, relevantes o no, que a mí me parecen salidas de su imaginación.

Y no es solo algo que pueda constatar por comparación con ellos pues, aunque me esfuerce, mis recuerdos no son fuertes ni claros. Siento que debería acordarme de mis compañeros de colegio, o al menos de algunos, de mi primer beso, de la primera vez que fui a esquiar, de la distribución de las casas en que he vivido, de los sitios en que he estado, etc.

Sin embargo, apenas guardo las sensaciones, los olores, los sonidos, los sabores. Perder esos momentos pero sin perderlos del todo puede llegar a ser más frustrante que no haberlos vivido.

Hoy es 13 de septiembre, dos días después del aniversario del atentado de las torres gemelas, un día después del aniversario de mi único hijo, el mismo día del mismo mes en el que mi madre nos dejó hace ya siete años. Supongo que es imposible que olvide una cosa así.

Es una de esas veces en las que, como decía al principio, lamento que mi memoria no sea perfecta. Odio la sensación que me provoca la idea de estar perdiendo recuerdos relacionados con ella. Muchos de los recuerdos que guardo, principalmente de mi infancia y adolescencia, se mantienen precisamente por el refuerzo que ella alentaba.

En todo caso, me consuelo con el valor de la perspectiva holística de las cosas, que da más peso al concepto global que a sus constituyentes. Así, pese a que miles de detalles sobre mi relación con ella se han perdido en algún imbricado lugar entre mis recuerdos, lo que perdura es su imagen, sin duda idealizada pero no menos real, de ser humano comprensivo, paciente, tenaz y bondadoso, tan desbordante de amor y generosidad que era imposible no perdonar su terrenal falibilidad. La balanza siempre fue a su favor, y eso es mucho más de lo que puedo decir de la mayoría de semejantes con los que me he relacionado desde mi nacimiento.

Aún te recuerdo, mamá. Y no soy el único que te echa de menos.


Buenos días desde Arcoíris.

lunes, 5 de septiembre de 2016

I have a dream


 

No voy a hablar del sueño de Martin Luther King. No solo los grandes hombres tienen sueños, los pequeños también los tenemos.

Hay sueños inalcanzables y sueños asequibles, grandes sueños y nimiedades oníricas, sueños egoístas y sueños aún más egoístas, sueños que se confunden con deseos y sueños que son simplemente esperanzas.

Yo sueño con que llegue un día en el que no nos domine el miedo ni la vergüenza, en el que conceptos como la Economía, la Política, el Derecho o la Religión, dejen de tener significado.

Yo sueño con que llegue el día en el que no sean necesarios el egoísmo y el altruismo, en el que medrar no sea el único significado de la existencia.

Es éste un sueño egoísta, inalcanzable, que funde deseo y esperanza pero, sobre todo, es un sueño destructivo, pues su consecución nos llevaría, más que probablemente, a la pérdida total de identidad como especie. En ese momento dejaríamos de ser humanos, eso de lo que parecemos vanagloriarnos tanto.

I have a dream, pero quizás es mejor obviarlo.


Buenos días desde Arcoíris, el hogar de Hacedor De Sueños.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Añoranza



Soñé que no te habías ido, que tu luz aún me guiaba.

Mis brazos te rodeaban y tu voz sonaba cercana y real.

Juré que no te dejaría marchar y que tus ojos jamás se cerrarían.

En mi sueño yo era un niño y la noche nunca llegaba.

Y ese niño que nunca fui reía y reía sin más motivo que el de tu simple presencia.

Después desperté, madre.

Me regalabas el arcoíris en un mundo que para mí siempre fue gris. Moderabas mi seriedad y, junto a mis hermanos, conseguiste que no me aislara aún más de un mundo que nunca me ha gustado.

Gracias, madre.

Sé que no me escuchas, que sabes que soy un ateo en sentido estricto.

Sólo escribo en voz baja, para mantener vivo tu recuerdo.


Buenos días desde Arcoíris.

lunes, 13 de julio de 2015

Birdy



Sumergido en el hoy, apenas vislumbro el pasado. El mañana, en cambio, me amenaza con displicencia.

Uno se acostumbra al día a día hasta que lo banal se hace natural, hasta que la pasión por lo sentido sucumbe ante la serenidad de lo vivido.

Quizás no es la muerte en vida como algunos pretenden. Tal vez es solo que el fuego interior se reconvierte en energías más inspiradoras. 

O puede tratarse de algo más básico: simple miedo. Miedo al peligro, al riesgo que en otro tiempo fue nuestro amigo.

El error, fuente de mejora permanente, se evita a toda costa. Es la mal entendida sabiduría de la experiencia.

A veces creo que sería mejor una vida a lo Benjamin Button.

O a lo Birdy.

Como ya hace algún tiempo le dije a una buena amiga: la vida se nos escurre entre las pobres excusas del pasado y las vanas promesas del futuro.

Si lo miro con perspectiva, es algo que siempre he sabido y sobre lo que, aún con ese conocimiento, no he hecho nada verdaderamente relevante.

Viviré, y moriré, con ello.


Buenas noches desde Arcoíris.

domingo, 19 de abril de 2015

Schopenhauer gana



Anoche escuché, en la caja tonta, como le decían a Indiana Jones algo así como "llegamos a una edad en la que la vida te quita cosas en lugar de dártelas".

Sé que en realidad es una simplificación poética, pues la vida te da y te quita a todas las edades, pero te da que pensar y es algo deprimente cuando justamente cumples el medio centenar de años...

No pienso hacer un balance de mi vida, porque quiero creer que me queda mucha y porque tampoco hay mucho que sopesar.

Por otra parte, no soy de mucho celebrar, así que lo dejaremos en la simple constatación del hecho de que hoy es mi cumpleaños.

Quizás debería ser más alegre, más optimista, creer más en lo bueno que en lo malo, pero me temo que sufro lo que alguien ya ha acuñado como "el peaje de la lucidez".

Siempre he buscado la ataraxia, incluso cuando aún no conocía la palabra, pero es evidente a estas alturas que es algo fuera de mi alcance. 

Schopenhauer gana.


Buenos días desde Arcoíris.