miércoles, 29 de junio de 2011

15M

Tiempo atrás había jurado que las alas de la ingenuidad no aligerarían su cargada espalda. Pero allí estaba, feliz, esperando que el ratoncito Pérez le recompensara por los dientes que había perdido. Poco importaba que la porra de un policía hubiera tenido algo que ver.

Llevaba ya varias semanas cazando gamusinos, sin mucho éxito pero con muchas ganas.

Sabía, como todos sabemos, que algo no va bien, y su recuperada inocencia le gritaba que no debía dejarse llevar.

No había conejos que perseguir, ni espejos que atravesar, pero no estaba solo. Aún quedaban idealistas, y también oportunistas e interesados. Estos últimos siempre estaban, en cualquier reunión humana lo están, pero a él no le importaba. Pescadores de ilusiones junto a cazadores de pescadores, supervivientes en el camino junto a muertos en vida.

Pero era feliz. Papa Nöel le traería muchos regalos y el mismísimo Dios le confirmaría su buen hacer.

No entendía porque le decían que estaba en la luna, si no se había movido de Sol. El era así. Y era feliz.

Ojalá fuese más contagioso y duradero pero, sobre todo, ojalá fuera posible.


Buenos días desde Arcoirís.

sábado, 18 de junio de 2011

Yo pregunto, tu indagas, el inquiere.

Desde que recuerdo he buscado desesperadamente una brizna de razón en mis pensamientos: algo que pudiera hacerme constatar la verdadera naturaleza de mi existencia, de mi ser y de mi estar.

Mi búsqueda ha sido vana, sigue siéndolo y lo será hasta el final de mis días.

Las sempiternas preguntas no serían tales si pudieran ser contestadas, pero las que pierden ese adjetivo colman de satisfacción a quienes las descifran.

La curiosidad es, en sí misma, muy curiosa:

¿Por qué la tenemos en tan alto grado?
¿Es una de las causas de nuestra evolución y, al mismo tiempo, uno de sus efectos, retroalimentándose sin descanso?

En algún sentido, si nos hacemos preguntas es porque, a veces, obtenemos respuestas. Seguramente quien más preguntas se responde más preguntas se hace y, probablemente (y si se me permite abusar de la palabra, curiosamente), la desazón de no obtener respuesta es la misma sea cual sea el bagaje de respuestas obtenidas con anterioridad.

Steve Jobs, en el vídeo que adjunté en mi última entrada, recomendaba a los estudiantes de Stanford, en la apertura del curso de 2005: "seguid alocados". Yo, pese a todo lo dicho, añadiría: "no dejéis de haceros preguntas".

Buenos días desde Arcoirís.

viernes, 10 de junio de 2011

Otrora


Un día me levanté recordando como volaba en sueños.

Agitando los brazos. Ni muy fuerte, ni muy rápido, ni con mucha frecuencia.
Volando raso sobre el mar y entre los edificios de la ciudad.
Violando algunas leyes físicas, pero respetando muchas otras.
Con un limpio, elegante y calculado aterrizaje y un algo más complejo despegue.

Este sueño se repitió muchas veces, en su concepto y en mi recuerdo.
Aún persisten en mi memoria muchos detalles pero, sobre todo, recuerdo que aún eran más vívidos entonces.

No es el único sueño recurrente que he tenido, aunque no han sido muchos. Tampoco ha sido el único sueño que he recordado al despertar, y esos sí han sido muchos.

La cuestión es que, en algún momento, dejé de recordarlos, que no de tenerlos, pues eso se ha probado que es imposible de manera continuada.

Tal vez ya no necesite recordarlos, quizás ya no son dignos de ser recordados.

Alguien dijo una vez que el hombre cuerdo es el que mantiene al loco interior bajo llave. Lo que ya no está claro es si la cordura tiene tanto valor como se le supone.

Buenas días desde Arcoíris.