sábado, 26 de julio de 2014

Fragilidad



Sentía dolor en el pecho y estaba asustado.

La causa ya no tenía importancia, su gravedad era irrelevante. Sólo quedaba el dolor.

El tiempo se dilataba cruelmente, castigándolo como si fuera algo merecido o necesario.

En esos momentos su cabeza se llenaba de extraños pensamientos, más retorcidos aún de los que habitualmente ya la inundaban.

Maldecía a los dioses en los que no creía y recordaba momentos de su vida que habían quedado arrinconados en su pobre memoria.

Cuando el dolor pasaba, se sentía afortunado y agradecía sobremanera su ausencia. Pero el dolor acababa volviendo, recordándole sin piedad que no era tan fuerte como siempre había creído, que su invulnerabilidad era solo otro sueño que se derrumbaba.

Esto lo hacía más humano: frágil, insignificante, efímero. Consciente, en suma, de su compleja simplicidad.

En esta vida sólo se le da importancia a las cosas cuando se carece de ellas en algún momento. Él lo sabía, siempre fue más perceptivo que los que le rodeaban, pero saber las cosas nunca fue una garantía de su entendimiento profundo. La práctica se empeña siempre en superar a la teoría, dejándola desnuda ante la evidencia de su forzada aproximación.

Al menos el dolor parecía tenerle aprecio a la noche, y las estrellas y el silencio siempre eran una buena compañía para este insomne.

Y después llegaba la paz.


Buenas tardes desde Arcoíris.

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