domingo, 27 de julio de 2014

El anciano astronauta


 

Al alejarse de allí las manos le lloraban nerviosas.

Su respiración acompasaba los latidos de su corazón y las grietas en su piel mostraban la sequia que su espíritu sufría desde que tuvo consciencia de su existencia.

Atrás dejaba días grises, esperanzas perdidas e ilusiones que descarrilaron hacía mucho tiempo.

Se decía que se estaba dando otra oportunidad, que era tan cobarde como valiente y que poco tenía que perder. Nada que verdaderamente le reconfortara, nada que tampoco le llevara a ningún vano remordimiento.

Quizás ya era tarde, pero nada le impediría intentarlo. Se compadecía de sí mismo por el tiempo perdido pero, al mismo tiempo, sentía la llama de la impaciencia que debían sentir los aventureros al comienzo de una nueva andadura.

Le era ya tan indiferente el mundo que abandonaba que, para su sorpresa, ni una sola lágrima acudía a sus ajados ojos.

Nunca volvería a pisar la tierra ni a contemplar el mar, pero quería ver las cosas que desde su infancia había visto en sus sueños y que para él siempre fueron más interesantes que las que estuvieron a su alcance.

Le daban igual las circunstancias que le habían conducido a esa situación, por surrealistas e improbables que éstas hubieran sido. Estaba naciendo de nuevo.

Era un viaje sin retorno, pero eso es exactamente lo que es la vida.

Por primera vez entendió el significado del término felicidad.

Nunca más se supo de él.


Buenas tardes desde Arcoíris.

sábado, 26 de julio de 2014

Fragilidad



Sentía dolor en el pecho y estaba asustado.

La causa ya no tenía importancia, su gravedad era irrelevante. Sólo quedaba el dolor.

El tiempo se dilataba cruelmente, castigándolo como si fuera algo merecido o necesario.

En esos momentos su cabeza se llenaba de extraños pensamientos, más retorcidos aún de los que habitualmente ya la inundaban.

Maldecía a los dioses en los que no creía y recordaba momentos de su vida que habían quedado arrinconados en su pobre memoria.

Cuando el dolor pasaba, se sentía afortunado y agradecía sobremanera su ausencia. Pero el dolor acababa volviendo, recordándole sin piedad que no era tan fuerte como siempre había creído, que su invulnerabilidad era solo otro sueño que se derrumbaba.

Esto lo hacía más humano: frágil, insignificante, efímero. Consciente, en suma, de su compleja simplicidad.

En esta vida sólo se le da importancia a las cosas cuando se carece de ellas en algún momento. Él lo sabía, siempre fue más perceptivo que los que le rodeaban, pero saber las cosas nunca fue una garantía de su entendimiento profundo. La práctica se empeña siempre en superar a la teoría, dejándola desnuda ante la evidencia de su forzada aproximación.

Al menos el dolor parecía tenerle aprecio a la noche, y las estrellas y el silencio siempre eran una buena compañía para este insomne.

Y después llegaba la paz.


Buenas tardes desde Arcoíris.

domingo, 13 de julio de 2014

Quimera



Quiero que mi voz sea el primer sonido que escuchas por la mañana, que mi rostro sea lo último que ven tus ojos por la noche...

Quiero ser tu almohada, tu ropa interior, la sábana que enjuga tus lágrimas, el bálsamo de tus heridas...

El aire que respiras y en ti se queda, la luz que sigues en la oscuridad, lo que encuentras al final de tu camino...

Tu Endimión, tu Paris, tu Romeo, la estrella que te da calor...

El néctar para tus labios, la piedra filosofal de tus deseos...

Todo lo que quiero eres tú.

Sólo me gustaría que existieras.


Buenos días desde Arcoíris.