Cuando el mundo parece detenerse a
nuestro alrededor, y en el aire flota el olor acre de la incertidumbre del
devenir, solo cabe reflexionar sobre los posibles caminos que se nos abren,
ponderar en su justa medida las pérdidas y los beneficios, y escoger el más
conveniente o, en el peor de los casos, el menos doloroso.
No
parece muy difícil, pero, por algún extraño motivo, nuestros aciertos no son
muchos, ni como individuos ni como especie.
Buenos días desde Arcoíris.
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