viernes, 1 de marzo de 2013

Mi agredida impasible



Recuerda, mi empapada Tierra, que tu aparente quietud en el cielo es sólo una burda ilusión y que tus pretensiones geocéntricas se esfumaron con las del propio hombre.

Tu nombre deriva de la diosa romana que te personificaba (Terra) y que a su vez tiene su origen en la griega Gea, diosa primigenia.

Eres el único planeta con agua líquida en su superficie, hasta el punto de que si alguna civilización alienígena te pusiera nombre hoy en día, o nosotros mismos nos propusiéramos rebautizarte, tu nombre más apropiado sería planeta Agua.

No es lo único que te hace especial: también eres el más denso, y el único que presenta tectónica de placas. Pero, por encima de todas tus singularidades, eres el lugar donde vivimos aquellos que nos proclamamos, orgullosa y equivocadamente, "seres inteligentes". Quizás el único, dentro del sistema solar, que alberga vida. Una vida que, al contrario de lo que muchos piensan, mora en ti casi desde tu nacimiento.

Es una conveniente combinación de distancia al sol, composición, tamaño y densidad, entre otras, la que te hace idóneo para la vida (al menos para la que conocemos y definimos). Nada que deba parecernos una increíble casualidad, ni fruto de designio alguno, si aceptamos el principio antrópico débil por el cual si las cosas no fueran precisamente así, yo no estaría escribiendo en este blog, ni tú leyéndome. Quizás es exactamente lo que ocurre en infinitos universos paralelos, tan "casuales" como el nuestro.

A cambio de ese honor que nos concedes, nosotros te condenamos, dulce Gaia, a muerte. Irremediable, paulatina e inconscientemente; con estúpida seguridad, hipocresía y egoísmo. Pero no es nada personal, es sólo que nos gusta demostrarnos lo inteligentes que somos, pero ocultamos lo pancista y despreocupado de nuestro proceder. Aún a costa, más que probablemente, de nuestra propia destrucción. 

El quid de la cuestión es que esa "nuestra" no es realmente la nuestra, sino la de la especie. El individuo se oculta entre el grupo, camuflado en su efímera existencia y despreocupado de un futuro que, en realidad, nunca será el suyo.

Dispones de un satélite, La Luna, que es el más grande, con diferencia, en relación al planeta que orbita. Las consecuencias de este hecho diferencial son de nuevo enormes: las mareas, la estabilización del eje terrestre, la lenta reducción de la velocidad de rotación de la Tierra, etc... Incluso se ha postulado su relevancia en el origen de la vida.

Curiosamente, tu día dura un día y tu año un año. Toda una declaración de intenciones.

Pues bien,

¡Que sepas que te quiero!. No me acongojas, húmedo orbe.


Buenas tardes desde Arcoíris.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Mi mudable conjetura



Recuerda, mi turbio Neptuno, que tu lejanía es solo una gota en la inmensidad del océano cósmico y que tus pretensiones de soledad se perdieron hace ya muchos decenios.

Tu nombre, y tu símbolo astronómico, hacen honor al dios romano del mar, dueño de todas las aguas y señor de las ninfas que en ellas habitan. 

Tu existencia fue predicha matemáticamente antes de ser descubierto, lo que te da un aura de origen virtual y de misterio desvelado.

Eres, junto a Júpiter, Saturno y Urano uno de los llamados gigantes gaseosos, o planetas jovianos, o planetas exteriores y, como ellos, tienes un día muy corto (algo más de 16 horas).

Tu distancia al Sol, la mayor entre todos los planetas, determina que tu año sea también el más largo de todos (casi 165 años terrestres). Desde tu descubrimiento sólo has completado una órbita. Ningún ser humano te verá jamás (o al menos en un futuro próximo) dos veces en la misma posición relativa.

Cambias de aspecto con suma facilidad. Imitaste a Júpiter con tu gran mancha que, aunque inmortalizada en casi todas las fotografías que de ti se enseñan, ya no existe.

Tienes más de una docena de satélites pero uno de ellos, el superfrío Tritón, es más grande que todos los demás juntos, además de ser la única luna de gran tamaño del sistema solar que gira en sentido contrario al de rotación de su planeta. En esa chulería es, en cierto sentido, amigo del planeta Venus.

Pues bien,

¡Que sepas que te escudriño!. No me atemorizas, desnudada entelequia.


Buenas noches desde Arcoíris.

jueves, 24 de enero de 2013

Inalcanzable



Brilla solo para mí, estrella errante.
Déjame alzar la mano y acariciarte,
Ser ya para siempre tu único amante,
Quemar a tu lado mis años sin cansarte.

Contigo iré aun sin merecerlo,
Si un simple gesto tu me haces.
Mi vida atrás dejaré al hacerlo,
Y con el mundo haré las paces.

El tedio de mi existencia desaparecerá,
Cuando de ti pueda beber sin descanso.
Mi nostálgica locura se desvanecerá,
Alarmada por la cordura de tu remanso.

Dame libremente tu dulce sonrisa,
Y me teñiré de intenso púrpura.
Vuélvete hacia mi sin mucha prisa,
Y serás mi luz en la noche oscura.

Y si en ello he de poner mi empeño,
Ten por seguro mi esquivo amor,
Que nunca nadie ha sido más dueño,
Que aquel que domina su dolor.


Buenas noches desde Arcoirís.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas



La noche esconde los colores de la sinrazón y da misterio a aquello que brilla en el corazón.
Mientras consume tiempo de desesperación, hace soportable el desgaste de la ensoñación.

La definimos como "tiempo en que falta la claridad del día". La luz del sol siempre ha sido más agradecida que la de las estrellas, el amanecer más querido que el ocaso, pero es la noche la que despierta nuestros deseos, la que calma nuestro descontento, la que da paz a nuestro desasosiego.

La noche oculta las dudas de la pasión y alimenta las ansias de transformación.
Nubla el entendimiento y la visión, cerrando los ojos de la triste resignación.

De su mano van las expectativas y los desconciertos, los sueños y las desilusiones, las risas y las lágrimas.  Junto a ella caminan carroñeros de cariño y sedientos de oscuridad. Tras sus pasos van envidiosos de su encanto y celosos de su sabiduría.

Nunca será suficientemente añorada y siempre durará insuficientemente. Es su naturaleza.

No cambies, amiga mía.

Buenas noches desde Arcoíris, donde hay noche pero no fin de año.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Mi etéreo achatado



Recuerda, mi gaseoso Saturno, que tus bellos anillos no son tan únicos como se pensaba y que tus pretensiones de divo se han diluido hasta desvanecerse.

Tu nombre procede de la mitología romana, del padre de Júpiter, de Neptuno, de Plutón, de Ceres, de Vesta; todos ellos también ligados a objetos del sistema solar.

Como Júpiter, estás hecho principalmente de materia propia de una estrella, pero eres tan sutil que se repite hasta la saciedad que flotarías en un océano de agua, si es que podemos imaginar uno con el tamaño suficiente para semejante prueba.

Esa liviandad, tu rotación extremadamente rápida (con un día que dura apenas algo más de 10 horas) y tu, en proporción, baja gravedad, determinan que tu forma sea la menos esférica entre los planetas: estás visiblemente aplastado por los polos.

Tus satélites se cuentan por muchas decenas, pero tienes uno con tamaño planetario: Titán. Es un nombre que le hace justicia y, aunque es el segundo en tamaño en todo el sistema solar (Ganimedes de Júpiter es algo más grande), es el único que parece disponer de una atmósfera.

Pues bien,

¡Que sepas que te espío!. No me obnubilas, hermoso anillado.


Buenas tardes desde Arcoíris.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Mi raudo pequeñajo




Recuerda, mi menudo Mercurio, que tu proximidad al Sol no te confiere especial relevancia y que tus pretensiones de servirle hace tiempo que cayeron en el olvido.

Desde la defenestración de Plutón como planeta, posees la cuestionable distinción de ser el más pequeño. Tanto, que hay satélites que te humillan en tamaño.

Sin embargo, eres, desde siempre, el más rápido y de ahí heredas tu precioso nombre: del ágil heraldo de los dioses, del portador de las sandalias aladas.

No tienes hijos en el cielo que giren a tu alrededor, y la ausencia de una atmósfera que te proteja hace que tu superficie pase de un infierno ardiente a un infierno helado sin apenas solución de continuidad.

Tras el planeta que nos acoge, eres el más compacto entre los que se empeñan en girar alrededor de nuestra estrella.

Tu año es el más corto de todos (algo menos de 88 días terrestres) y, quién sabe si para compensar tu velocidad alrededor del astro rey, tu rotación es tan lenta que tardas casi dos de nuestros meses en mostrarle el mismo rostro.

Pues bien,

¡Que sepas que te controlo!. No me apabullas, primero de los errantes.


Buenos días desde Arcoíris.